El problema, o la toma de decisiones de los lideres del mundo desde el punto de vista de Carlos Dagorret en http://dagorret.com.ar, sobre porque funciona la economía.
La economía convencional insiste en tratar la inflación como si fuera la enfermedad en lugar de la fiebre. Tras la reciente escalada bélica en Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz, los bancos centrales —la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo— vuelven a encontrarse acorralados en un laberinto cuantitativo. Como reporta The Guardian, la inflación vuelve a repuntar impulsada por el petróleo, mientras las economías se desaceleran y la deuda pública alcanza máximos históricos. La respuesta institucional sigue siendo la de siempre: ajustar la tasa de interés, ese termostato ciego que pretende enfilar una realidad compleja ajustando una sola perilla.
Pero si abordamos las organizaciones y la economía desde la acumulación de entropía, la tasa de inflación revela su verdadera naturaleza: no es un fenómeno puramente monetario, sino el síntoma de una disipación sistémica. La inflación es la fiebre que denota tres fallas de fondo en la reconfiguración de la energía social:
Mala distribución del ingreso: La concentración de masa en superestructuras rígidas imposibilita la libre circulación del flujo energético. La inflación actúa aquí como el mecanismo mediante el cual el sistema transfiere de forma asimétrica los costos de salida y permanencia hacia los eslabones con menor capacidad de captura.
Falta de desarrollo y rigidez de red: La incapacidad de reconfigurar la matriz productiva sin disipar la estructura existente. Las organizaciones absorben recursos (energía, tecnología, subsidios) para rigidizar su burocracia en lugar de aumentar la complejidad real de sus nodos.
Condiciones globales adversas: Shocks externos de oferta que fuerzan al sistema a pagar un costo de fricción cada vez más alto para mantener la misma entropía local.
El movimiento del nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, al abandonar el forward guidance —esa ilusión de predictibilidad donde los bancos centrales pretendían adivinar las tasas a dos años— es una admisión implícita de este límite. Los modelos de predicción económica han colapsado porque asumían un sistema reversible e ideal. Intentar controlar la inflación subiendo tasas de interés ante un shock de oferta energético es como bajar la fiebre de un paciente sumergiéndolo en agua helada: no cura la infección subyacente, solo desacelera el metabolismo hasta bordear el colapso.
Las organizaciones y los Estados operan hoy como estructuras de alta densidad que han alcanzado su horizonte de eventos: no pueden adaptar su arquitectura interna para absorber los shocks del entorno sin incurrir en una disipación catastrófica. Por eso, prefieren tolerar una fiebre permanente antes que asumir el costo de reconstruir su topología.
Autores citados y referencias explícitas
Mervyn King & John Kay (Radical Uncertainty, 2020): Critican la pretensión de los bancos centrales de modelar la economía como un experimento de física determinista. Sostienen que la incertidumbre radical imposibilita la predicción exacta y califican el forward guidance de "ilusión de precisión".
Mohamed El-Erian: Economista y profesor en Wharton, señala que la "precisión espuria" de las métricas tradicionales del Fed ha perdido credibilidad, sugiriendo que los mercados deben enfocarse en las funciones de reacción sistémica frente a shocks imprevistos y no en modelos estáticos.
Joseph Tainter (The Collapse of Complex Societies, 1988): Propone que el colapso y la severidad inflacionaria/fiscal son el resultado de los rendimientos decrecientes de la complejidad organizacional. Las estructuras gastan cada vez más energía en mantener su propia burocracia en lugar de resolver los problemas de su entorno.
Neil Shearing (Capital Economics): Plantea la fricción entre la dominancia fiscal y la política monetaria, argumentando que los bancos centrales se ven obligados a tolerar una inflación estructuralmente más alta para evitar la quiebra fiscal de los Estados hiperendeudados.
Nicholas Georgescu-Roegen (The Entropy Law and the Economic Process, 1971): Padre de la bioeconomía, quien demostró que el proceso económico no es un ciclo mecánico cerrado sino un proceso termodinámico irreversible que transforma recursos de baja entropía en desperdicio y calor de alta entropía (como la fiebre inflacionaria).
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